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EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO



(¿ES EL UNIVERSO UN HOLOGRAMA?)
POR
OMAR E. VEGA


1. La naturaleza de la realidad

Una de las inquietudes trascendentales del hombre es conocer cuál es la naturaleza de la realidad. Y si bien pareciera ser una pregunta rara en un mundo pleno de Internet, celular y hamburguesas, se trata de un problema filosófico inquietante que aún no tiene una solución satisfactoria.
Este artículo no pretende responder a todas las preguntas sin respuestas, sino solamente llamar la atención del lector ante el hecho que más allá de una realidad sólida y práctica en que circulamos existe un mundo desconocido, tan real como la vida cotidiana. Para darnos cuenta de ello, es necesario saber que la realidad no es tal. De que muchas de las cosas que aceptamos como reales lo son solo en nuestra imaginación, pues vemos el mundo a través de lentes de colores que distorsionan la verdad. Esos lentes son los paradigmas religiosos, empíricos y científicos que aprendimos desde niños y que nos hacen sentir seguros.
Percibimos el mundo de manera indirecta a través de nuestros sentidos. Pero estos nos engañan sistemáticamente. Por ejemplo, desde hace mucho tiempo ya se sabe que los colores sólo existen en nuestra mente y que no tienen una realidad física externa a nuestro propio cerebro. Un color no es más que la representación interna de nuestra mente a un estímulo luminoso caracterizado por la longitud de onda de la luz. El color no existe allá afuera por sí mismo, sino que es aplicado a nuestra visión dentro de nuestra mente. En otros términos, lo que es para usted el color rojo puede que yo lo perciba como otro color. Y si no lo cree, basta que converse con una persona que sufra de daltonismo. Con los sonidos ocurre algo similar: yo no percibo la música o las palabras de la misma forma en que usted lo hace, y lo mismo se puede extrapolar al resto de los sentidos.
Nuestros sentidos nos engañan, presentándonos un mundo con colores, sonidos y sabores que no existen fuera de nuestras mentes. De igual forma, nuestros modelos científicos tradicionales nos hacen creer que la realidad es de cierta manera. Son nuestros lentes de colores con que percibimos el universo.

2. La realidad de los antiguos

Cuando nuestros ancestros viajaban por las praderas sin fronteras de la prehistoria profunda, se sentaban al abrigo de las hogueras a manufacturar modelos del mundo. Ahí, descansando del esfuerzo de la caza, conversaban buscando las respuestas a las mismas preguntas inquietantes que nos conmueven hoy en día: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?
Sus respuestas fueron simples, producto de su experiencia con la naturaleza. Vivían en un universo lleno de organismos vivos y de seres invisibles ocultos en lo profundo de los bosques. Para ellos el movimiento era sinónimo de vida y de magia. Vivían en un mundo holístico, donde todo estaba interrelacionado con todo y donde los dioses cuidaban de cada detalle.
Posteriormente, los filósofos de Jonia se propusieron la tarea de entender el mundo en forma metódica, usando para ello sólo el racionamiento y sin el auxilio de dioses que explicaran aquello que no se entendía. Considerando que no tuvieron a su disposición la parafernalia tecnológica contemporánea, es admirable lo mucho que fueron capaces de hacer.
Ya en el siglo V a.c. el filósofo Demócrito desarrollaba su concepto de un mundo material compuesto de partículas mínimas denominadas átomos, cuyo nombre significa “indivisibles”. Los átomos de Demócrito eran eternos e indestructibles, y de sus interacciones y cambios de arquitectura surgía toda la realidad. Los átomos pertenecían a distintas categorías, cada uno con sus características únicas, que daban a las sustancias las propiedades observables en la naturaleza. También los cambios de estado del agua podían explicarse con relativa sencillez, como variaciones de densidad de átomos, siendo sólida cuando sus átomos estaban muy juntos, líquida cuando disponían de espacio para moverse y vapor cuando los átomos flotaban libremente.
De acuerdo a Demócrito, la realidad no era más que los cambios de estado sufridos por un enorme juego Lego de proporciones cósmicas. El materialismo filosófico había surgido.
Al mismo tiempo que el concepto del átomo surgía, otros filósofos buscaban perfeccionar nuestro entendimiento del mundo, asegurándonos que todo tenía una base racional. Entre éstos, los matemáticos llevaron las cosas al extremo, al racionalizar la geometría desarrollando el método axiomático. Para ellos, todo el pensamiento geométrico podía deducirse por derivación de una pocas verdades evidentes a priori, verdades que fueron llamadas axiomas.
La obra maestra de la axiomática es sin duda “Los Elementos” del alejandrino Euclides. En él su autor deriva los teoremas de la geometría elemental de un puñado de conceptos básicos denominados postulados, virtuales átomos de la verdad.
De acuerdo a los griegos, en particular siguiendo a Platón, el mundo real era una aproximación imperfecta del mundo abstracto de las ideas: un lugar donde estaban los prototipos eternos y perfectos de todo lo existente. Estudiando las matemáticas se podía modelar el mundo y encontrar esos prototipos, y es precisamente ese concepto el que condujo al desarrollo de la ciencia moderna.
Todavía hoy, cuando un científico desarrolla un modelo matemático del mundo real, confía que su prototipo de ecuaciones y abstracciones tenga una relación directa con la realidad. Se trata de la misma fe platónica en los seres ideales del mundo de las ideas.
En síntesis, el universo de los filósofos griegos estaba basado en la geometría euclidiana y se la modelaba como un sistema compuesto de planetas que interactuaban entre sí a la manera de los engranajes de un mecanismo de relojería.

3. El universo clásico

Al terminar la Edad Media, en Europa se comenzó a recuperar el antiguo conocimiento y con esto renació el interés por entender el mundo de una manera racional. Se contaba entonces con nuevas herramientas que los antiguos desconocieron. En particular, el álgebra de origen árabe y los numerales hindúes, que permitieron a René Descartes la formulación de la Geometría Analítica, que no es otra cosa que la antigua geometría de Euclides escrita en términos algebraicos. Otras invenciones contemporáneas avanzaban en la misma ruta, como es el caso de los vectores, inventados por Simón Stevin, que permitieron entender las composiciones de fuerzas en mecánica. Todo ello fue sólo el preámbulo de un modelo del mundo de extraordinaria riqueza que todavía influencia nuestra manera de pensar la realidad: la Mecánica Newtoniana, que nos recuerda el trabajo de Sir Isaac Newton, quizás el más brillante científico del milenio pasado.
Con estas poderosas herramientas, los científicos lograron desarrollar modelos del mundo de creciente complejidad. Se llegó a entender el funcionamiento de la Química, los movimientos de los astros y la naturaleza de la energía. Eventos como la conquista del cosmos y el lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima, así como también la tecnología actual, fueron las espectaculares consecuencias del modelo del mundo al estilo newtoniano.

El éxito en la predicción de las trayectorias de las balas de cañón y de los planetas puso a las técnicas de Newton en el centro de la ciencia moderna y despertó el asombro de los contemporáneos. Todo un movimiento social se desarrolló en torno a los nuevos desarrollos científicos derivando en una fe ciega en que la ciencia podría explicar toda la realidad y nuestra posición en el mundo.
Pero fue quizás el científico francés Pierre-Simón Laplace quien llevó las cosas al extremo. Él afirmó que el futuro estaba completamente determinado y que, dadas las condiciones iniciales, cada evento futuro del universo podía ser calculado. El universo era, para Laplace, un mundo determinista descrito por ecuaciones diferenciales. Todo el futuro estaba escrito en las condiciones iniciales y quien conociera las fórmulas adecuadas podría predecir su cambio hasta el fin de los tiempos. Se trataba de un mecanismo de relojería al cual se la deba cuerda una vez y de ahí en adelante funcionaba por sí solo hasta que se le acabara la cuerda. Nada quedaba al azar ni oculto.

4. El reduccionismo

He aquí uno de los grandes mitos de la ciencia:
“La naturaleza de las cosas complejas se reduce a la suma de cosas más simples o fundamentales.”
Esta idea se llama “reduccionismo” y no ha sido hasta hace muy poco que se ha empezado a dudar de su veracidad, pues existen en la naturaleza algunos sistemas complejos que se niegan a ser reducidos a sus partes fundamentales tan fácilmente. Entre ellos está la mente humana y los sistemas biológicos, conocidos como seres vivos.
En términos técnicos, el reduccionismo nos dice que los sistemas son lineales, y que todos funcionan al modo de los mecanismos de relojería. Podemos ilustrarlo por la manera que un relojero determina como funcionan sus relojes, estudiando cada engranaje y cada piñón de sus mecanismos, sus torques y transmisiones, de tal forma que sumando sus efectos individuales comprende lo que hará la maquinaria.
Tal forma de ver las cosas ha sido muy beneficiosa para la ciencia, pues le permitió entender el mundo de la física, de la química y de la biología hasta su nivel de desarrollo actual. En efecto, existen en el universo una infinidad de sistemas que se comportan en forma lineal y que se adaptan fácilmente al reduccionismo. El método científico en sí mismo enseña a analizar las partes para entender el todo.
Sin embargo, existen fenómenos que se oponen fieramente al reduccionismo. De entre los más intrigantes son los fenómenos de la física de lo extremadamente pequeño. Cuando queremos comprender qué es un electrón, o cual es el estado actual de un átomo, nos damos cuenta de que los fenómenos físicos pueden ser mucho más complejos de lo esperado y que las “partes elementales” de nuestro mundo de relojería parecieran tener propiedades mágicas.
Los fenómenos climáticos y muchos otros también se rigen por matemáticas no lineales, que producen comportamientos denominados caóticos. Estos fenómenos se niegan sistemáticamente a la aplicación del reduccionismo clásico y están forzando a los científicos a estudiarlos con otro tipo de paradigmas y mentalidades más abiertas.
Finalmente, existe en el universo un sistema natural que es en extremo complejo y que se niega a revelarnos sus secretos sin luchar. Se trata de un mecanismo no lineal en extremo, que nos se deja reducir a partes elementales sin destruirlo. Es el objeto más complejo conocido en el universo y uno de sus productos es la conciencia. Se trata del cerebro humano.

5. La destrucción de los paradigmas

A finales del siglo XIX algunos científicos estaban tan convencidos de las verdades descubiertas que pensaron que la ciencia estaba terminada. Sólo faltaba darle unos retoques a los detalles. Es más, algunos entusiastas hasta crearon religiones basadas en la ciencia, la más famosa de las cuales se conoce como el positivismo.
Pero pocos años después del cambio de siglo toda la ciencia se vino abajo. Uno a uno cayeron los paradigmas. Hoy la visión científica es mucho más modesta, pues se perciben claramente las limitaciones humanas para comprender la grandeza del universo. Y sin embargo, aun hoy día, muchos no se han enterado que la visión del mundo cambió.
Veamos algunos de los cambios de paradigma más importantes:

El fin del universo en una caja de zapatos
Cuando Euclides definió su geometría clásica, uno de los axiomas básicos, el quinto postulado, declaraba que si dos líneas se alejaban de una tercera y sus ángulos internos sumaban menos que dos rectos, estas se cruzarían inevitablemente en algún lugar del espacio.
El quinto postulado se hizo famoso pues, a pesar de su engañosa sencillez, nadie lo pudo probar nunca. Es más, a principios del siglo XIX el matemático ruso Nikolai Lobachevsky demostró que existían geometrías en las cuales el quinto postulado de Euclides no funcionaba, geometrías que fueron conocidas como No-Euclideanas. Finalmente, Albert Einstein demostró que el espacio se curvaba al modo de una de esas exóticas geometrías.
El universo rectilíneo como una caja de zapatos había muerto.

El fin del tiempo único
El mismo Einstein demostró en su famosa Teoría de la Relatividad Especial que el mismo tiempo no era una entidad universal independiente de los sistemas, sino parte integral del mismo. Es más, postuló que el tiempo variaba con la velocidad relativa de los objetos con respecto a los observadores.
La relatividad es realmente difícil de entender desde nuestra mente intuitiva. Sin embargo, baste decir aquí que la idea de que el tiempo y el espacio son independientes de los objetos es falsa. Ambos están asociados a los objetos y no son independientes de estos.

El fin de las esferas mínimas
Desde hacía siglos se discutía si la luz estaba compuesta de partículas o de ondas. La idea tradicional sostenía que se trataba de una o de otra, pero no de ambas a la vez. Sin embargo, la ciencia moderna dejó en evidencia que la luz se comporta como ondas en ciertas ocasiones y como partículas en otras. Para entender esa aparente paradoja surgió un nuevo paradigma científico conocido como Mecánica Cuántica. Veamos otros de los mitos que este paradigma destruyó.

El fin del determinismo de Laplace: Dios juega a los dados con el universo
Einstein fue uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica al postular el efecto fotoeléctrico y sin embargo no le gustó en absoluto las conclusiones a que llegaron los físicos: de que habían fenómenos que eran indeterminados por naturaleza. Einstein exclamó entonces su lapidaria sentencia: “Dios no juega a los dados con el universo”.
Y, sin embargo, hasta ahora todo indica que Dios si lo hace y que se trata de un jugador empedernido.

El fin de la linealidad: la predicción del clima
La idea de que el universo es un mecanismo relativamente simple es de larga data y quizás se hizo más marcada debido al sorprendente éxito de la física newtoniana.
No era difícil entonces que a mediados del siglo XX la gente especulara que el control del clima se conseguiría en las décadas siguientes. Todo lo que hacía falta era conocer el modelo del clima y con eso podría ser predicho y modificado.
Sin embargo, algo salió mal. Si bien las ecuaciones del clima, basadas en las ecuaciones Navier-Stokes del movimiento de fluido, fueron bien formuladas, éstas tenían una particularidad: no eran lineales. Edward Lorenz las comenzó a estudiar en 1963 en una computadora e hizo el importante descubrimiento que un cambio ínfimo en las condiciones iniciales producía que los resultados divergieran poco a poco hasta convertirse en resultados completamente distintos. El pensamiento científico tradicional suponía que pequeños errores en las condiciones iniciales se anulaban con el tiempo, lo cual es cierto en los sistemas lineales, pero falso en las ecuaciones del clima. Lorenz había descubierto la Teoría del Caos y la razón de por qué la predicción del clima a largo plazo será siempre un imposible.
La imaginería popular ilustra el caos con el siguiente ejemplo: basta que una mariposa aletee en Pekín para que años después se produzca un huracán en Miami.
El caos acabó definitivamente con el sueño de Laplace, pues nunca se conocerían las condiciones iniciales del universo con infinita precisión.

El fin de la mente del autómata
Hubo un tiempo en el cual la gente pensó que el advenimiento de los robots pensantes estaba cerca. Desde los años 60s se viene anunciando la llegada del pensamiento sintético, la inteligencia artificial. Y si bien han existido avances notables en campos como el juego de ajedrez y la corrección ortográfica, los resultados están muy lejos de ser satisfactorios. Los programas son simplemente demasiado rígidos como para imitar la manera de pensar del hombre.
Quizás la desilusión se hubiera evitado si se hubieran visto con más cuidado el Teorema de Gödel y su equivalente de Turing. Ambos demostrados en los años 30s y que nos daban luces de las limitaciones que tienen los algoritmos, o procedimientos secuenciales matemáticos, del tipo usado por las computadoras actuales.

6. Un mundo holográfico

La invención de la holografía en 1947 por Dennis Gabor afectó profundamente la visión del mundo del “reduccionismo”, pues los hologramas podían fraccionarse y cada una de sus partes todavía contenía información suficiente para reproducir la imagen completa. Se perdía resolución, por supuesto, pero el “todo” era claramente reconocible en función de una “parte”.
En la fotografía convencional se almacena un registro punto por punto de la intensidad y color de la luz. Ahora bien, si cortamos la fotografía con una tijera, la zona descartada de la fotografía se pierde para siempre y ya no la podemos recuperar del resto de la imagen. En un holograma, en cambio, lo que se graba no es sólo la intensidad sino que el patrón de interferencia de la luz incidente en cada punto de la imagen con respecto a un láser de referencia. Para hacerlo se usa un rayo de referencia que es combinado con la luz de la escena. Si ambos rayos son coherentes –tienen en su origen la misma fase o provienen del mismo láser- se produce una interferencia óptica debido a la superposición de ondas de luz, lo que produce un patrón que es almacenado en la placa holográfica.
Lo importante aquí es que la información que recibe el observador no está grabada en la placa en un punto único, sino que es toda la placa la cual tiene el patrón de interferencias adecuadas para reproducir la escena desde cualquier ángulo que se le mire. Ahora bien, si alguien decide cortar un holograma en trozos, cada uno de ellos seguirá reproduciendo la escena completa, sólo que a menor calidad.


(En recuadro adjunto: Grabación de un holograma)




(En recuadro adjunto: Reproducción de un holograma)



(Reproducciones extraídas de la Wikipédia:"Enregistrement de l'holograma")

7. Hologramas naturales

Desde hace mucho tiempo se sabe que el cuerpo humano también maneja su información de manera distribuida. Cada una de las células del cuerpo humano porta, de manera independiente, toda la información genética de un ser humano. De formas que todavía resultan ser un tanto misteriosas, el cuerpo logra no sólo controlarse sino que se repara continuamente, activando porciones del código genético en ciertas células y no en otras. El control de toda esta actividad es claramente distribuido en todo el organismo, sin una unidad central que lo regule todo. Por supuesto que existen zonas especializadas en el cuerpo humano para realizar las funciones vitales, pero simultáneamente las acciones del sistema inmunológico, nervioso y otros, no tienen un control central que las regule.

8. Redes Neuronales

Paralelamente, el estudio de la mente llevó a la invención de las redes neuronales artificiales, que imitan el funcionamiento del cerebro. La idea provino del estudio del cerebro mismo, ya desde la descripción de la neurona por el científico español Santiago Ramon y Cajal, aporte que le valió el Nobel de Medicina de 1906.
Cuando el estudio de las neuronas estuvo lo suficientemente avanzado, Pitts y McCulloch desarrollaron un modelo del cerebro que consistía de una red de células interconectadas entre sí ejecutando operaciones lógicas, definiendo la memoria como un conjunto de ondas transientes en un circuito cerrado de neuronas. En 1949 Donald Hebb propuso que las redes neuronales podían aprender cambiando la conductividad de las conexiones entre las neuronas. Gracias a estos estudios, en 1951 Marvin Minsky desarrolló su red neuronal, con la ayuda de Burhus Skinner. Esta primera red neuronal artificial fue un circuito electrónico de 300 tubos al vacío, llamado “Sharc”.

(Gráficas de red neuronal)





Una de las características de las redes neuronales es que son tolerantes a fallas. Si se daña una parte de ella, las otras seguirán funcionando con normalidad y gran parte de su funcionalidad será preservada. Esto es así, pues, de la misma forma que con los hologramas, la información está distribuida en la red neuronal. Con un ejercicio de imaginación podemos comprender que la forma de viajar que tiene la información en una red neuronal es muy similar a la manera en como los patrones de interferencia intervienen en la formación de un holograma. En ambos casos la información está distribuida y se requiere de la concurrencia de todos sus elementos para obtener un resultado.

(Gráficas de conexiones en red neuronal)




9. Mecánica Cuántica

A principios del siglo veinte la ciencia comenzó a darse cuenta que la realidad era mucho más compleja de lo que nunca pensó. La idea que la materia estaba hecha de partículas mínimas se hizo trizas y con ello el reduccionismo sufrió un duro golpe. Trágicamente, este vino del análisis de una partícula que se suponía sólida y mínima: el electrón.
El electrón tiene un comportamiento esquivo. En ocasiones se comporta como una onda y en otras como una partícula. Para modelar su comportamiento, los físicos se vieron obligados a desarrollar nuevos modelos matemáticos que introdujeron conceptos sorprendentes. Hoy se sabe que un electrón en su órbita se comporta como “una onda de probabilidad”. Vale decir, no se encuentra en una ubicación precisa dentro de la misma y sólo sabemos de él cual es la probabilidad de que se encuentre en cierto lugar.
Ahora bien, en el mundo cuántico los electrones no son bolitas minúsculas que se desplazan por las órbitas atómicas, sino más bien nubes de probabilidad que ocupan una región del espacio. Si el lector tiene problemas en entender este concepto, no se preocupe, pues ha sido un quebradero de cabezas para los científicos del mundo por casi un siglo.

(Gráfica del átomo)





Lo que importa para el tema en cuestión es que los fenómenos cuánticos parecieran ser fenómenos distribuidos y no locales, que funcionan de manera similar a los hologramas y a las redes neuronales. No es extraño entonces que los científicos estén tratando de construir computadoras basadas en fenómenos cuánticos, con las cuales podrían un día imitar no sólo los fenómenos físicos sino que el funcionamiento del propio cerebro. Los computadores cuánticos funcionarían a velocidades inalcanzables por nuestras máquinas convencionales.

10. La hipótesis holográfica

Todo este torbellino de ideas fue sintetizado por dos científicos notables. El primero fue el físico David Bohm, quien describió por primera vez el paradigma holográfico. Su pensamiento estaba en entera oposición al “reduccionismo” y la idea asociada de que el tiempo, el espacio y la materia son objetos independientes de su medición. Para Bohm, el mundo era complejo e interrelacionado: un objeto holístico al estilo de la metafísica de los místicos. Bohm, además, colaboró con el cirujano Karl Pribram en la elaboración de una teoría de la memoria humana, que la describe como una impresión holográfica. Finalmente Roger Penrose, afamado matemático inglés, en su libro “La Nueva Mente del Emperador” (1988) afirma que la consciencia humana depende de fenómenos cuánticos imposibles de imitar por las computadoras convencionales. Tales fenómenos cuánticos tienen un carácter definitivamente holográfico y no-deterministicos De ser cierto, la búsqueda de la consciencia artificial que emprendieron los informáticos hace ya mucho tiempo, tendrá que esperar por el desarrollo de computadores cuánticos. Finalmente, el desarrollo de la teoría de los agujeros negros, que con su apetito voraz son capaces de alterar la trama misma del espacio-tiempo, da pie a muchas teorías audaces de universos paralelos comunicados entre sí a través de agujeros negros. Universos en racimos, que conviven en una continuidad espacio-temporal en un eterno presente, siendo contemporáneos todos los eventos de la historia de éste y todos los universos paralelos.
En l941, en su antología “El jardín de senderos que se bifurcan”, Jorge Luis Borges publicó un cuento llamado “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, en donde anuncia el descubrimiento de una enciclopedia que describiría un mundo (con leyes físicas nuevas) nuevo. Esa fue la inspiración para la novela “La Segunda Enciclopedia de Tlön”, del escritor chileno Sergio Meier. En ella el autor nos sumerge en un mundo en apariencia extraño, donde las realidades son hologramas sintéticos de dimensiones cósmicas. Pudiera pensarse que se trata de una fantasía sin sustento alguno en la realidad, sin embargo Meier, versado en ciencia moderna, pudo llevar al arte una de las partes más bellas y desconocidas de la especulación científica moderna: el Paradigma Holográfico.

11. Conclusión: ¿El fin del reduccionismo?

La existencia de sistemas distribuidos y no lineales, tales como las redes neurales naturales y artificiales, los fenómenos cuánticos y los hologramas, ha sido un gran problema para el dogma reduccionista, se trata de evidencia tangible que el reduccionismo no se pude aplicar a todos los casos, pues hay sistemas que funcionan de manera distribuida y colaborativa, que no pueden ser estudiados sólo analizando sus partes por separado.
Mi opinión personal es que el reduccionismo no morirá, pero sí se desarrollará la consciencia de que para resolver ciertos problemas existe la necesidad de recurrir a un paradigma más avanzado. De la misma manera que la Mecánica de Newton sigue aplicándose en la vida diaria y en el 99% de las ocasiones, y la Relatividad sólo se reserva para casos complejos y especiales, el reduccionismo seguirá siendo útil en la mayoría de los casos, pero aquellos sistemas más interesantes y complejos se deberán analizar usando el paradigma holográfico. Después de todo, el universo no es un reloj de cuerda sino más bien un inmenso holograma.

1 Respuestas a “EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO

  1. # Anonymous Anónimo

    Hola:

    Soy Fernanda Sáez, Periodista y necesito ubicar urgente a algún familiar de don Sergio Meier. Es muy importante para mi porque estoy preparando un homenaje que saldrá en el premio Altazor. Por favor contactarse conmigo a fsaez@scd.cl o a 370 87 59.

    Muchas gracias,  

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Sergio Meier

Escritor y traductor. Ha dictado talleres y charlas de literatura y es uno de los pocos especialistas en Fantasía y CF en Chile. Ha publicado: “El color de la amatista” (1986). También realizó una traducción apócrifa de H.P. Lovecraft que aún hace dudar a los más fanáticos. Mantiene inéditas las novelas: “Una huída hacia la muerte” y “La Segunda Enciclopedia de Tlön”, la primera novela steam punk chilena.


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